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05 October 2021

MUTAGÉNESIS de Marina González & Manuel Garrido - por Rafael Becerra


Existe una literatura de consumo, que juega en las grandes ligas, generalmente orientada a un público poco exigente que busca más el entretenimiento que el conocimiento. Nada que objetar, salvo en el caso bastante frecuente de que estos libros saturen el mercado literario sin dejar espacio a otras obras. Hay un gran negocio en las publicaciones de libros, las revistas especializadas están al servicio de las grandes empresas editoras, y ellos suelen dictar lo que hay que leer. Todo lo que no esté en sus catálogos para ellos no existe, y solo ocasionalmente se sumergen allí en busca de nuevos escritores que se adapten a su modo de funcionar.

Afortunadamente ese monopolio deja un terreno inexplorado para lectores exigentes, y editores con buen ojo y mejor criterio. Un ejemplo de ello es el libro MUTAGÉNESIS escrito por Marina González e ilustrado por Manuel Garrido. Los cuentos de esta joya están englobados bajo el subtitulo: Relatos sobre la supervivencia, y en ellos la autora nos va desgranando una serie de situaciones que nos pueden pasar a diario ante nuestros ojos sin ser capaces de detectarlas. Los personajes del libro si que se percatan, y sus razonamientos y reacciones pudieran ser los de cualquiera; no hay héroes. Solo supervivientes, en una cotidianidad plagada de peligros, camuflados y edulcorados para que no seamos conscientes de ellos. El libro además, se enriquece con los linograbados que acompañan a cada uno de los relatos, potenciando su fuerza con una mirada independiente y exótica. Un proceso artesano que en palabras de su autor le llevó un año de trabajo.

El conjunto es un libro sólido, apetecible y sorprendente, con un estilo fresco y profundo al mismo tiempo, que nos muestra la vida, desde dentro de la misma, con su crudeza y su indiferencia hacia los seres desvalidos que la pueblan. Un trabajo muy recomendable, que nos enseña que la gran literatura, no está donde nos dicen que está.

Rafael Becerra




 

17 May 2021

El retrato de Ernest Thompson Seton - por Rafael Becerra


A lo largo de la historia de la literatura encontramos constantemente la figura de animales, en muchos casos, humanizados. Nacidos en todas las culturas de cualquier parte del mundo, éstos se prestan a ser la voz de la sabiduría, de la bondad, o representar directamente la maldad, o la astucia. Sin embargo, más allá de la literatura infantil o juvenil, sembrada por Kipling, Disney, Lewis Carroll, los hermanos Grimm, o Andersen. Se situan otros autores que basan sus escritos directamente en la observación de la naturaleza. Entre estos, me atrevería a decir que los más certeros serían Jack London y Ernest Thompson Seton. De este último me gustaría hablar.

Nacido el undécimo de catorce hijos, en Inglaterra, a la edad de seis años, su numerosa familia se traslada a Canadá. El entorno salvaje, despierta en el niño un interés inusitado, que se dedica a observar y dibujar la naturaleza. Su familia no comparte la afición del pequeño, pero debido a una afección, es enviado a los quince años y durante el verano a una granja en Lindsay. Es allí, donde de mano del granjero Willian Blackwell y su hijo George donde el joven Ernest ve sus deseos cumplidos. Junto con George acamparon en los bosques, procurando vivir como los indios habían hecho antes del advenimiento de los rostros pálidos. De estas vivencias saldría su libro: Dos pequeños salvajes (1903) 

Sus veranos en la granja orientaron las energías e intereses de Ernest Thompson Seton hacía el estudio de la naturaleza. Fundó los “Woodcraft Indians” un grupo juvenil inspirado en la ética y habilidades de los pieles rojas. No sería un camino fácil. Pero todas sus publicaciones estuvieron dirigidas hacía la vida salvaje. Historias que el mismo describía, explicando en forma de ficción la realidad de la existencia de los animales y sus formas de pensar.



Sus historias te acercan al mundo natural bajo una perspectiva única, haciendo que te preguntes y te plantees cómo sería vivir como un animal constantemente amenazado, por ejemplo, el conejo. Un ser que pasa su vida en peligro siendo la base de la dieta de muchos depredadores. Seguimos las corredurías de perros pastores, cuya fidelidad va más allá de su propia vida. Recorremos los bosques con astutos lobos, con instintos desarrollados para escapar del hombre. Leer sus cuentos y relatos te hacen mirar hacía las ignoradas montañas de otro modo, te remueve por dentro, bajo el traje de urbanita, se despierta otro ser que te habita, las casi olvidadas voces de tus ancestros que corrieron por esos bosques compartiendo con los animales el ansía por sobrevivir.

Desgraciadamente el mundo literario lo ha relacionado siempre con cuentos para niños, las adaptaciones de sus libros a animaciones infantiles como: El bosque de Tallac fueron cruciales para encasillarlo en este género. Personalmente encuentro en esos relatos mucha sabiduría, la misma crueldad de la naturaleza se muestra sin tapujos. En ellos la vida y la muerte, la despiadada intervención humana, la desconfianza, y nuestro alejamiento progresivo y destructivo del mundo natural. Seres humanos y animales obligados a entenderse, a compartir los frondosos bosques, sabiendo cada uno de ellos donde están los límites. En definitiva, unos cuentos apasionantes que sin discusión convierten a Ernest Thomson Seton en el mejor intérprete que ha tenido el mundo animal.
Rafael Becerra 

24 July 2017

CUENTOS DE UN BEBEDOR DE ÉTER - Jean Lorrain

TRADUCCIÓN: DANI CASQUERO SOLER Y GABRIELE NERO




Los “Cuentos de un bebedor de éter” son alucinaciones, donde como en un baile de máscaras se mezclan pesadillas y miedos con la bohème de París, en la cumbre de la Belle Époque. Este libro de relatos breves sobre la "eteromanía", refleja las características básicas de la obra de Lorrain: pesimismo, permisividad, comprensión del vicio y compulsiva búsqueda de "paraísos artificiales", enmarcadas en una visión fantástica de la vida.

Jean Lorrain (Fécamp, 9 de agosto 1855- París 30 de junio 1906). “Pintor complaciente de ebriedad y perversiones” como lo describe el Grand Larousse Encyclopédique, Jean Lorrain (nacido Paul Duval) fue poeta, cuentista, novelista y eteromaníaco. Nacido en Fécamp en 1855, nunca pudo conocer a Charles Swinburne, quien vivía en la región, pero sí fascinarse por su vida excéntrica, de la que circulaban distintas anécdotas. Instalado en París (más precisamente en Montmartre), logró que su padre aceptara su vocación para las letras, a condición de que escribiera bajo seudónimo como Baudelaire y Monsieur La Putaine. Su homosexualidad fue descarada, excéntrica y casi militante.

«Al bajar la escalera del palacio, ella se cruzó con grandes sombras que subían en sentido contrario: eran formas de caballeros con cascos, damas con capirotes y monjes con capuchas; también había entre ellos prelados con mitras, lansquenetes y pajes; el perfil de los morriones, de las banderas y las lanzas destacaba en negro sobre la alta tapicería, pero no eran más que sombras y no hacían ningún ruido. Gerda se detuvo, no atreviéndose a dar otro paso ante ese cortejo silencioso.  “No temas” graznó el cuervo posado sobre su hombro, “son más vacíos que el humo, son los Sueños; en cuanto se apagan las luces, todas las noches invaden el palacio”».
Jean Lorrain